El 30 de mayo pasado se conmemoró el Día Nacional de
“Nicole nació enferma. Al poco tiempo su enfermedad se agravó. De clínicas privadas llegamos al Hospital de Niños. Allí nos recibieron con mucho amor y preocupación. El diagnóstico que le dieron fue que necesitaba un transplante hepático. Nuestra desesperación y angustia fue muy grande, era algo nuevo para nosotros. Así, con sólo 10 meses de vida, Nicole fue trasladada a Pilar en la provincia de Buenos Aires donde fue operada. Su mamá María Paula le donó parte de su hígado. Después de eso pasamos muchos momentos buenos y difíciles. Pero, gracias a Dios, el 20 de agosto pasado Nicole cumplió 20 años”. Este es el relato de la familia Goldsmorthi, y es una de las tantas historias que reflejan cómo un acto tan altruista como es la donación de órganos significa regalar vida y dar la oportunidad de un nuevo comienzo.
El transplante de órganos es un tratamiento indicado cuando toda otra alternativa para recuperar la salud del paciente se ha agotado. Los órganos que se trasplantan en nuestro país son: riñón, hígado, corazón, pulmón, páncreas e intestino.
La donación de órganos es un procedimiento bastante complejo y sólo es posible en cinco de cada mil fallecimientos debido a que los requerimientos necesarios para llevarla a cabo son muy especiales: la donación sólo puede concretarse si la muerte sucede en una unidad de terapia intensiva y requiere de inmediato una serie de pasos coordinados en simultáneo.
El operativo de donación de órganos es una carrera que se realiza contra reloj. En ella participan hasta 150 profesionales que asumen el compromiso de concretar la voluntad del donante y la esperanza de los pacientes en lista de espera. En primer lugar, cuando el médico de una unidad de terapia intensiva de cualquier establecimiento de salud del país comprueba signos clínicos de muerte encefálica en un paciente, comunica esta situación al Incucai o a los Organismos Jurisdiccionales de Ablación e Implante.
Durante este proceso, los profesionales constatan en los registros si en vida la persona dejó su manifestación expresa para la donación de órganos y tejidos. Si no manifestó su voluntad, se presume que es donante pero se solicita testimonio a la familia sobre la última voluntad del fallecido. Si manifestó su voluntad afirmativa, se informa a la familia y luego se procede a la ablación. Si manifestó su voluntad de oposición, en cambio, se informa a la familia y se suspende el proceso.
De esta manera, con los datos y características biológicas del donante, se inicia la búsqueda de los posibles receptores. Teniendo en cuenta la compatibilidad entre donante y receptor, la antigüedad en lista de espera, la situación geográfica del donante y el grado de urgencia de los pacientes, se establecen los posibles receptores.
Resuelto esto, se dispone al traslado de los órganos al lugar en donde se encuentra el paciente que debe ser transplantado. Este no debe tardar más de 24 horas para la correcta conservación del órgano. Finalmente, los equipos médicos implantan el órgano al receptor.
Para ser donante de órganos es necesario ser mayor de 18 años y registrar esta voluntad en el acta de expresión del Incucai o dejarlo asentado en el DNI en el Registro Civil.
La mayoría de las religiones se han pronunciado a favor de la donación de órganos y tejidos como un acto de solidaridad con la comunidad.
En este momento, las estadísticas en la página web del Incucai dicen que en nuestro país existen 5619 pacientes en espera de trasplantes. En lo que va del año más de 200 personas han sido donantes reales.
Fuente: Incucai










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